Consecuencias psicológicas iniciales de los abusos sexuales a menores

Los abusos sexuales a menores es uno de los temas más delicados y preocupantes que pueden verse en el ámbito social en general. Por suerte, cada vez están más a la orden del día, ya que los medios de comunicación se hacen eco de estos casos, siendo así cada vez más expuestos y menos silenciados.

Hay extensos estudios sobre las consecuencias en las víctimas de este tipo de hechos, más ahora nos centraremos en las consecuencias a corto plazo, siendo estas interesantes para una posible detección temprana y de interés para los profesionales que están en contacto diario con menores.

Es cierto que entre los trabajos publicados no se discierne un patrón de síntomas único, existiendo así una extensa variedad de síntomas en estas víctimas, o incluso una ausencia total de sintomatología. Es decir que no se puede establecer un síndrome que defina y englobe todos los problemas emocionales, cognitivos y sociales que se relacionan con la experiencia de abuso sexual.

Según algunos autores un entre un 62% y un 69% de los menores víctimas de abuso sexual presenta sintomatología psicopatológica.

En este articulo exploraremos la sintomatología más frecuente indicada en los estudios revisados para obtener así unos indicadores que han sido repetidamente confirmados desde el ámbito científico, siendo conscientes de la limitación y dificultad de la tarea.

Agrupamos en apartados las problemáticas presentes con mayor frecuencia en distintos grupos:

Problemas emocionales:

  • Miedos
  • Fobias
  • Síntomas depresivos y ansiedad
  • Baja autoestima junto acompañado de sentimiento de culpa y estigmatización
  • Trastorno por estrés postraumático – con elevada frecuencia
  • Ideación y conducta suicida
  • Autolesiones
  • Rechazo del propio cuerpo
  • Desconfianza y rencor hacia adultos

Problemas cognitivos y de rendimiento académico:

  • Afectación de la capacidad de atención y concentración
  • Conductas hiperactivas
  • Problemas de atención y concentración
  • Bajo rendimiento académico
  • Peor funcionamiento cognitivo general

Problemas de relación:
Una de las áreas que suele quedar más afectada es la relación social con iguales y adultos, ya sean de la familia o desconocidos, dada la ruptura que la experiencia de abuso sexual implica en la confianza de la victima.

  • Problemas de relación social
  • Menor cantidad de amigos (43% de las victimas manifestaron tener pocos amigos en comparación al 11% de los menores no víctimas)
  • Menor tiempo de juego con iguales
  • Elevado aislamiento social

Problemas funcionales:
Consecuencias del abuso que representan dificultades en las funciones físicas de la víctima.

  • Problemas de sueño, p. ej: pesadillas
  • Pérdida control de esfínteres: enuresis y encopresis.
  • Problemas de alimentación
  • Trastornos de la conducta alimentaria
  • Quejas somáticas

Problemas de conducta:

  • Destacar conducta sexualizada: o comportamientos erotizados, es uno de los problemas más frecuentes, siendo tomada habitualmente como indicador de marcada fiabilidad para su detención. Ciertos autores indican que este tipo de comportamiento es 15 veces más probable en menores víctimas de abuso sexual que en no víctimas. De todas formas, estas conductas no son exclusivas de las víctimas de abuso sexual y pueden ocurrir también por otros motivos (como podrían ser experiencias de carácter violento como víctimas de maltrato físico o testigo de violencia familiar, o las actitudes familiares respecto al sexo, entre otras).
    • Otras conductas de la esfera sexual:
        • Masturbación compulsiva
        • Conductas exhibicionistas
        • Excesiva curiosidad sexual
        • Problemas de identidad sexual
  • Conformidad compulsiva para acomodarse a la situación y poder sobrevivir física y psicológicamente a ésta. Esta estrategia es definida como la presencia de un comportamiento conformista y vigilante en los niños/as víctimas de malos tratos, que reduce el riesgo de comportamientos hostiles y violentos por parte de sus agresores y aumenta la probabilidad de interacciones agradables con ellos. Se explica por el efecto adaptativo de esta estrategia, pero también es preocupante por la generalización al resto de relaciones interpersonales de la víctima, como suele suceder.
  • Conducta disruptiva y agresiva. En el extremo opuesto, se ha obtenido una elevada frecuencia de conductas de carácter disruptivo y disocial en victimas de abuso sexual infantil, especialmente en víctimas de sexo masculino. La frecuencia oscila entre el 2% en ambos sexos, hasta 25.3% en mujeres y 58.4% en hombres. Algunas victimas crecen creyendo que el uso de la agresividad es el mejor camino para conseguir lo que desean. Como se deduce por algunos trabajos, haber sido victima de abusos en la infancia parece constituirse como factor de riesgo para que el adulto se victimice a otro, conociéndose este fenómeno como la transmisión intergeneracional de la violencia, o una de las consecuencias mas graves del abuso sexual a nivel social.

Es decir, tras las revisiones hechas al respecto podemos concluir que las consecuencias psicológicas a corto plazo del abuso sexual infantil tienen una presencia y diversidad muy frecuente. Con lo cual es importante que los que más en contacto están con menores conozcan las posibles manifestaciones. El trabajo desde el punto de vista de la psicología forense será averiguar cuán probable es que haya ocurrido un hecho de este tipo mediante evaluación de secuelas o credibilidad del relato. Es de elevada importancia acompañarla siempre de la intervención de terapeutas clínicos que ayuden a tratar y canalizar este hecho tan grave para que no se derive en un problema a largo plazo en todos los aspectos de la vida de la víctima.

 

Paula Medina

MEDINA Psicología Forense

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