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Consecuencias psicológicas de accidentes de tráfico

Según la DGT, en el año 2018 hubo 4.515 víctimas heridas hospitalizadas a causa de accidentes de tráfico. Aunque las cifras van en descenso, sigue siendo un grave problema de salud pública del cual todos podemos vernos afectados en algún punto.

Las secuelas físicas que los accidentes pueden dejar son evidentes y la valoración de estas puede hacerse de manera más explícita. Sin embargo, las secuelas psicológicas suelen estar de igual manera presentes y, aunque lo normal es que la persona lo supere y siga con su vida, es posible que algunos casos no sea así o que interfieran más de lo habitual en la vida diaria de la persona.

En estos casos se puede hacen una valoración para un posterior tratamiento, aunque lo más habitual es que se haga para la búsqueda de una compensación económica.

¿En qué consisten estas valoraciones por parte de los psicólogos forenses?

La primera parte es identificar el daño psicológico como consecuencia del accidente mediante la obtención del testimonio. Para la obtención de éste los psicólogos nos valemos de varias técnicas de entrevista. Las que se emplean en estos casos suelen ser las mismas que en otros acontecimientos traumáticos, aunque adaptados en cada caso a la situación del cliente.

Se valorará el pasado, las circunstancias del accidente y la situación actual. Mediante tests psicométricos y protocolos de valoración podremos obtener una visión de la posición en la que se encuentra el paciente.

A partir de aquí y desde el punto de vista más práctico podremos obtener un “diagnóstico”. Es decir, una etiqueta de qué es lo que le ocurre al cliente.

En casos de accidentes el trastorno más habitual es el Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT), aunque este raramente se presenta de forma aislada, cifrándose los que presentan otro desorden clínico entre el 80% y el 85% de diagnosticados de TEPT.

Estos trastornos secundarios varían de un estresor a otro, en el caso de los accidentes de tráfico veríamos como más comunes la depresión, distimia, ansiedad, fobias y abuso/dependencia de sustancias o alcohol, siendo de todos ellos la depresión el trastorno que más comorbilidad presenta con el TEPT, entre el 50% y el 60% de los casos. Sin embargo, si encontramos depresión u otro trastorno en ausencia de TEPT, no se puede considerar una secuela del hecho traumático.

Lo importante del TEPT es que cumple con un requisito legal ineludible: permite establecer una relación causa- efecto entre el hecho traumático y las secuelas psicológicas. Así mediante las técnicas psicológicas podremos discernir si encontramos presente este trastorno en nuestro cliente o no.

Por otro lado, si fuera necesario tambien podemos realizar la valoración cuantitativa del daño moral, de acuerdo con el margo legal vigente (En España, el Real Decreto Legislativo 8/2004) y con el fin de establecer una reparación del mismo, acudimos a diversas escalas de valoración.

Lo que buscaremos a traves de estas herramientas es una valoración cuantitativa objetiva en porcentaje del daño moral que presenta nuestro cliente, la cual podría ser sometida a contradicción por otro perito. De forma resumida, el procedimiento a seguir tras la evaluación clínica sería el siguiente:

  • Garantizar con total certeza que el daño no es falso.
  • Valorar si la gravedad de los síntomas que presenta el cliente es propia de la situación mediante la EEAG. (Escala de Evaluación de la Actividad Global)
  • Para la tasación de daños morales en las relaciones sociolaborales y familiares se sigue el mismo método con la escala EEASL (Escala Evaluación Actividad Social y Laboral.)
  • Tras la evaluación y cuantificación, este es incardina en las categorías legales de indemnización recogidas por la ley aplicable.

Brevemente, y por parte de otros profesionales se valora el daño patrimonial (daño emergente, que incluye el coste de la atención médica y psicológica) y el lucro cesante, es decir, la estimación de lo que ha dejado de ganar), el daño no patrimonial (daño a la salud y moral), daño por rebote (daño psicológico por victimas secundarias), y el precio de la muerte, siendo estos dos últimos establecidos para los beneficiarios  en tanto que el daño patrimonial y no patrimonial se dirigen para compensar a la víctima directa.

Como conclusión, la valoración exhaustiva de los daños psicológicos en una víctima de accidente de tráfico por parte de un psicológo sera un momento esencial tanto para la compensación de la misma como para poder superar el hecho traumático que supone vivenciar un accidente de este tipo.

 

Paula Medina

MEDINA Psicología Forense